El dato es contundente: el 10% de los intentos de registro en plataformas de apuestas online corresponde a menores de edad. No se trata de un problema aislado ni de una moda pasajera. Es un fenómeno que crece en silencio, impulsado por la publicidad en redes, la presencia de influencers y la facilidad para acceder a sitios que deberían estar estrictamente restringidos.

Los adolescentes encuentran formas de sortear los controles: usan datos de adultos, tarjetas prestadas o identidades falsas. La tecnología, que debería protegerlos, termina siendo una puerta abierta a riesgos que no dimensionan.

Un impacto profundo en la salud mental

La lógica del juego digital —ganancias rápidas, estímulos constantes, disponibilidad las 24 horas— afecta directamente la emocionalidad adolescente. Psicólogos advierten que esta práctica puede generar adicción, ansiedad, impulsividad y deterioro del rendimiento escolar. A esto se suma el impacto económico: muchos jóvenes utilizan dinero de familiares sin permiso, lo que deriva en conflictos y endeudamiento.

Una responsabilidad compartida

Las plataformas deben reforzar controles. Las escuelas necesitan incorporar educación digital real. Las familias requieren herramientas para acompañar. Y el Estado debe regular con mayor firmeza un mercado que crece más rápido que la capacidad de supervisarlo.

Desde la mirada de Encuentro con Todos, este fenómeno revela una falla comunitaria: no estamos cuidando a nuestros jóvenes como deberíamos. La prevención no es solo un mensaje; es una red de contención que se construye entre todos.

La solución exige diálogo, regulación y presencia adulta. Porque cuando un adolescente queda solo frente a una pantalla, el riesgo deja de ser virtual y se vuelve profundamente real.

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